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"Del ego a la autenticidad"

Devy Mehta
16 ago
2 min de lectura

La parte del ego que hay en nosotros a menudo nos protege mediante mecanismos de supervivencia, pero también tiene una forma sutil de mantenernos limitados. Nos anima a buscar la aprobación, a proteger nuestra imagen, a ser arrogantes, a defender nuestra posición, a cumplir con las expectativas y a reaccionar ante el mundo que nos rodea. Puede hacernos creer que tenemos que ser de cierta manera para ser aceptados, amados o exitosos.


Sin embargo, a medida que evolucionamos hacia nuestro yo auténtico, basado en el corazón, podemos encontrarnos en experiencias que nos desafían a desechar las capas de quién creíamos que teníamos que ser. ¿Estamos eligiendo la paz interior por encima de la reacción, la autenticidad por encima de la obligación y la verdad por encima de la necesidad de complacer a los demás?


A medida que ganamos conciencia, descubrimos que no todas las situaciones merecen nuestra energía, no todas las opiniones requieren una respuesta y no todas las expectativas que se nos imponen tienen que convertirse en nuestra carga.


Todo lo que estamos viviendo puede convertirse en parte de nuestra evolución como seres humanos: pasar de una vida cada vez más impulsada por el ego, el miedo y el condicionamiento a una guiada por el corazón.

Una de las herramientas más sencillas, pero a la vez más poderosas, para ayudarnos a lidiar con nuestras dificultades diarias y las exigencias inesperadas es la gratitud: estar agradecidos por lo que está saliendo bien, por lo que ya hemos logrado y por lo que ya tenemos en nuestras vidas.


El hábito de enfocarnos en lo que falta, en lo que está mal o en lo que deseamos que fuera diferente puede ser agotador. Es beneficioso tanto para la mente como para el cuerpo hacer una pausa y notar conscientemente lo que está saliendo bien. Siempre hay algo que merece nuestro agradecimiento: las personas que nos aman, las lecciones que nos han moldeado, la belleza que nos rodea, las oportunidades que aún se están desarrollando y, simplemente, el regalo de estar vivos.


Quejarnos mantiene nuestra energía enfocada en lo que está mal y puede influir en nuestro estado emocional y en la forma en que vivimos la vida. La gratitud lleva nuestra atención hacia lo que está presente y lo que es posible. La meditación puede ayudarnos a entrenar la mente para que se vuelva más tranquila, más receptiva y más abierta a las posibilidades más allá de nuestros patrones habituales de pensamiento.


A medida que nos despojamos de las viejas versiones de nosotros mismos, podemos descubrir que la evolución no consiste en convertirnos en alguien nuevo, aunque a veces pueda parecer así. Se trata de convertirnos más plenamente en quienes realmente somos bajo todas las capas, los bucles de condicionamiento y las creencias limitantes que hemos acumulado.


El ego que alguna vez nos mantuvo pequeños puede transformarse gradualmente de una fuente de protección y limitación a una conciencia que permite que nuestro yo auténtico emerja y se expanda.

Quizás la mayor evolución de la humanidad no sea volvernos más poderosos, sino volvernos más conscientes, compasivos y guiados por el corazón.

 
 
 

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