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"Un eclipse interno"

Devy Mehta
30 ago
2 min de lectura

A veces, la vida nos coloca en circunstancias en las que ya no hay adónde huir… ni de la situación, ni de una enfermedad y, en última instancia, ni de nosotros mismos.

El eclipse lunar del viernes 28 de agosto nos recuerda simbólicamente que lo que ha estado oculto puede salir a la luz. Puede iluminar lo que está listo para ser liberado y ponernos cara a cara con aquello que ya no resuena con la persona en la que nos estamos convirtiendo.


Las cosas comienzan a cambiar. Lo que antes nos distraía ya no funciona, y las formas habituales de lidiar con las cosas comienzan a desmoronarse. A veces recibimos un suave empujón, y otras veces nos vemos empujados a una profunda incomodidad, lo que nos obliga a volvernos hacia nuestro interior y observar aquellas partes de nosotros mismos que hemos evitado, negado o que, simplemente, nunca tuvimos la conciencia para ver. Aquí es donde comienza el trabajo con la sombra. Y tal vez por eso los períodos de poderosa energía lunar o solar pueden sentirse tan intensos.


Al mirar honestamente hacia nuestro interior, podemos descubrir cuánto de nuestras vidas ha sido moldeado por la programación, el condicionamiento, las expectativas, los patrones de supervivencia y los hábitos profundamente enraizados. Algunos los elegimos conscientemente. Otros se crearon mucho antes de que fuéramos conscientes de que los estábamos creando. Gran parte de la vida también puede vivirse en piloto automático, simplemente respondiendo a partir de viejas heridas y comportamientos aprendidos, en lugar de partir de la verdad de quiénes somos realmente.


El despertar no siempre es la experiencia hermosa y dichosa que imaginamos que es.

A veces, el despertar significa ver las falsas creencias que hemos tenido sobre nosotros mismos, las máscaras que hemos usado y las identidades que hemos construido para sentirnos seguros, aceptados o amados. Significa reconocer en qué momentos el miedo ha estado tomando nuestras decisiones, en qué momentos la escasez ha estado limitando nuestras posibilidades y en qué momentos la necesidad de sobrevivir nos ha mantenido en un «modo de mera existencia» y nos ha impedido vivir de verdad.


Mirar hacia nuestro interior no se trata de un juicio superficial sobre nosotros mismos. Se trata de reconocer profundamente nuestras propias sombras, patrones negativos y programación obsoleta.

La meditación nos entrena para conectarnos con el yo espiritual que somos y para convertirnos en testigos de todas las partes de nosotros mismos.


Porque no somos nuestro pasado, ni somos nuestros mecanismos de supervivencia. No somos las historias que heredamos ni las identidades que creamos en el camino. Debajo de todo eso hay un yo más auténtico que siempre ha estado ahí.


La verdadera libertad no consiste en cambiar quiénes somos, sino en deshacernos de todo aquello que nos convenció de que éramos menos de lo que somos.

A medida que dejamos ir lo que se basa en el miedo, lo restrictivo y lo que ya no está alineado con nosotros, creamos espacio para una mayor conciencia, amor, verdad, soberanía y conexión. No se puede crear un mundo nuevo a partir de la conciencia que creó el antiguo. Una nueva luz está naciendo y la revolución de la conciencia está dentro de cada uno de nosotros. 

 
 
 

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