"Retrocesos y regresos"
- Devy Mehta
- 15 feb
- 1 min de lectura
La vida tiene una forma especial de interrumpir el flujo de ideas y planes. He tenido el brazo izquierdo en cabestrillo durante un mes mientras me recuperaba de una lesión en la muñeca y unos moretones. Un inocente tropiezo con algo en mi propia recámara esa mañana puso a prueba todo, desde mi tolerancia al dolor hasta mi mentalidad y mi equilibrio emocional.
Este contratiempo detuvo el impulso de mis pensamientos y me obligó a vivir plenamente el presente. Y, por supuesto, ese hábito tan humano de preguntarse «¿por qué a mí?» o «¿por qué ahora?» afloró varias veces, especialmente cuando recibí la visita de mi familia y, de repente, me sentí como una carga, incluso inútil y sin esperanza.
Solo se necesita un momento para cambiar el curso de tu vida.
En muchos sentidos, sentí como si mi alma le recordara a mi mente y a mi cuerpo que debían reducir la velocidad, hacer una pausa y reservar un espacio para mí misma. Se ha convertido en una verdadera prueba de la práctica de la atención plena, un período inesperado de tiempo en casa para la autoevaluación, para dejar ir las decepciones, las malas acciones y cualquier versión obsoleta de comportamiento.
Mientras me rindo a la idea de reducir el ritmo en el proceso de recuperación, sé que muchos están pasando por un proceso de sanación de algún tipo. El cuerpo, la mente y las emociones parecen ponerse a prueba en el viaje de la vida para evolucionar, con una necesidad continua de aportar equilibrio y bienestar.

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