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"Energéticas del dejar ir"

  • Devy Mehta
  • 26 oct 2025
  • 2 Min. de lectura

En todo proceso de sanación llega un momento en el que nos damos cuenta de que el dolor no es algo de lo que hay que huir, sino algo que hay que comprender. El dolor que sentimos por una enfermedad, tras una pérdida, una decepción o un cambio no es una forma de castigo. Es una señal o un empujón para mirar hacia nuestro interior y combinar el dolor con el alma o el espíritu y preguntarnos: «¿Es esto mío? ¿Cuál es la raíz de este dolor y dónde se encuentra?». Tarde o temprano, en la quietud, obtendrás una respuesta o un mensaje del yo superior, del espíritu interior.

Durante mucho tiempo, intenté «superar» el dolor, como si sanar significara borrar todo lo que me hacía daño. Pero lo que he aprendido, una y otra vez, es que el dolor solo nos transforma cuando permitimos que nos abra. Cuando dejamos de resistirnos al dolor y empezamos a prestarle realmente atención, a sintonizar con él y a escucharlo, permitimos que suceda algo extraordinario. El dolor humano comienza a convertirse en alineación del alma, revelando una transformación más profunda hacia la autenticidad. 

A menudo, el dolor surge cuando no nos hemos permitido a nosotros mismos, o no nos han permitido los demás, ser o expresar verdaderamente quiénes somos. Cuando liberamos algo, ya sea una persona, una historia, una versión de nosotros mismos, todo nuestro campo energético cambia. El cuerpo exhala de manera diferente y el corazón se suaviza y se abre al amor. Cualquier sensación de pesadez o confusión comienza a disiparse y el aura vuelve a ser más ligera.

Dejar ir no significa olvidar o abandonar el amor. Significa liberar el amor de la forma y permitir que la energía se mueva hacia donde necesita ir, para volver a la Fuente, para reequilibrarse, para circular. A menudo, esta liberación viene acompañada de lágrimas y, a veces, de silencio. A veces, con una paz repentina que se siente casi como un abrazo de la gracia divina. Pero siempre es el alma alineándose con la Verdad.

En estos momentos, no perdemos nada real, simplemente dejamos de aferrarnos a lo que ya se ha transformado. Y al soltar, nuestra vibración se eleva, nos volvemos más fluidos, más espaciosos, más disponibles para la vida. 

El verdadero propósito de dejar ir va más allá del desapego, es la alineación. Es recordar que todo lo que amamos profundamente ya forma parte de nuestra alma.

En esa dolorosa liberación, haz una pausa. Coloca una mano sobre tu corazón.

Confía en que la energía encontrará el lugar donde debe estar.

En esa confianza, te reconectas con la paz del alma. Nada real se puede perder. 

¿Y el resultado?

En lugar de desmoronarse, tu mente y tu cuerpo se alinean.

¿Estás reteniendo algún dolor o sufrimiento mental, emocional o físico? Si es así, ¿qué está tratando de enseñarte o realinearte en tu interior?

La meditación es una herramienta importante para llevarnos del dolor humano a la alineación del alma.

 
 
 

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