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"Los desencadenantes son los enseñantes."

  • Devy Mehta
  • 12 oct 2025
  • 2 min de lectura

Esta reflexión sobre cómo reaccionar ante los desencadenantes se inspiró en una conversación reciente con un amigo. Aunque el tema se ha explorado muchas veces antes, siempre vale la pena volver a abordarlo.

Los desencadenantes son como invitados no deseados, a menudo pueden ser frustrantes, inconvenientes y desagradables. Sin embargo, cuando nos sentimos provocados, eso no significa que haya algo malo en nosotros, ni siquiera en el desencadenante en sí. Más a menudo, nuestras reacciones de ira o actitud defensiva revelan lo dependientes que seguimos siendo del mundo exterior, como las personas, las situaciones o las circunstancias, para sentir paz interior.

La verdad es que los desencadenantes no son el problema, sino el camino hacia la transformación. Aceptar la incomodidad en lugar de reaccionar amplía nuestra capacidad para alcanzar la paz.

Muchos de nosotros, en algún momento de nuestra vida, hemos experimentado no ser vistos, no ser suficientes o no sentirnos seguros, ya sea dentro de la familia, en las relaciones o en el trabajo. Como resultado, una parte de nosotros aprende que el amor hay que ganárselo y entra en pánico cuando siente que se le retira el amor o la aceptación. Pero cada vez que elegimos la conciencia en lugar de la reacción, recuperamos una pequeña parte de nuestro poder interior.

Los desencadenantes son la llamada de atención del alma, que nos despierta de viejas historias de dolor para que podamos vivir más conscientemente en el presente.

Por lo tanto, cuando sentimos esa tensión familiar, esa carga emocional que surge como una tormenta en nuestro interior, la mejor respuesta no es apresurarse a solucionarlo o huir de ello, sino respirar profundamente. Siéntate en silencio. Escucha a tu yo superior. En esa quietud, el desencadenante se transforma en un maestro interior que nos guía de vuelta a nuestro verdadero yo.

Ha llegado el momento de recuperar nuestro poder de las viejas heridas y las historias olvidadas del pasado. El cuerpo humano, junto con nuestra conciencia, está pasando al siguiente nivel. Estamos ampliando nuestra capacidad para albergar más luz, paz y presencia.

 
 
 

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